no existe técnica realizada desde hace años por los indios, griegos o romanos,
que describa la magia de tus nalgas,
como resultado de la adicción a ellas, comprendí como leerlas,
de la misma forma en que un adivino leería la palma de tu mano,
mi escuálido cuerpo, adora rozarles,
mis esqueléticas manos necesitan su temperatura,
tétrico y tóxico es el aire si su curvatura no está en mis muslos.
mordiscos mórbidos dejaré caer en su inmensidad,
mordiscos irrisorios que pondrán tu piel como la de una gallina muerta,
son ese par de pedazos de carne la mejor cena jamas servida,
el mejor desayuno jamas pensado,
incluso el mejor postre después de la comida,
ese color chocolate que caracteriza tus nalgas es mi debilidad,
esa textura tersa y firme es mi muerte lenta,
que rápido soy estos días desnudándolas,
impío al azotarles pero sanador al acariciarles,
tus nalgas exudan impudicia.
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