5/1/18

Un Poeta Abandonado (Cuento)

Así lo encontré, abatido por sus ojos gruesos y bien delineados, enamorado de su piel dorada como trigo, lo hallé envuelto en el recuerdo que le dejó su cabello reluciente, voluptuoso y feroz.

Mas humano de lo que aparenta, el poeta moría de soledad, cuando lo encontré, relataba artículos de fe autobiográficos, derramaba informes recogidos de viva voz.

Usted es la protagonista femenina, le describió como <La Reina de las Delicias>, ahora usted certifica y firma como autora de aquel trágico momento accidental, la soledad.

Aquel poeta de temperamento impulsivo que días atrás era llevado por el aroma de flores esporádicas, ahora lloraba irreconocible. 

Ahora esposado, no sabe como dominar la fiera que le ata, no sabe como demostrar la fama de su raza, parece que aquella gitana atrevida supo enamorarle.

Como el le describió en sus lineas, "la seductora es voluptuosa y feroz por partes iguales", y él, firmando con lágrimas, recordaba las horas de amor a su lado, nostálgico me dijo, que no hay locura que no hiciere acompañado de su reina, y añadió... "He tropezado con el diablo, si, con el mismísimo diablo que trajo a éste infierno en el que ahora estoy"...

Yo mismo, envidié al galán de las letras sueltas, yo mismo usé varias veces sus poemas para regalar, ahora le tenía entre mis brazos derrotado.

Ahora le veo llorar, al hombre con la mejor habilidad para enamorar hablando, le vi quebrarse como cristal, le vi rasgarse como tela.

Me pregunté entonces, ¿es mas sensible quien aparenta mas dureza en su corazón o es mas fuerte quien verdaderamente se entrega y supera un perdida?.

Supe de su boca que le cuidó con suma habilidad, me relató como le trató con las mejores atenciones que ningún hombre ha tenido con la mujer mas amada.

¡Te sigo a la muerte!, era el verso que abría la carta que escribía en ese instante, mientras la niebla ya no permitía ver las calles afuera, el frío era tan denso que mi cerveza no perdía el hielo que le colgaba, sobre la mesa, una navaja, un tintero, papel, un paquete de cigarrillos y mi revolver.

Temía que se quitase la vida en esa silla, frente a mi, pero el solo mojaba la pluma y continuaba escribiendo y llorando en silencios pausados, solo interrumpidos por acertar escuetamente mi charla sin destino.

Pude distinguir desde mi lugar, varias frases en su cuaderno, <toda mujer en veneno>, <toda mujer tiene dos momentos buenos, en la cama y en la muerte>, fue entonces donde empece a entender la profundidad de aquel amor poético y peligroso.

Se notaba tan inspirado que yo mismo sentí ganas hallar una pluma y escribir.

Se comía las páginas y no veía la hora en el reloj, ni siquiera miraba mi cara,  solo dejaba el alma en el papel blanco como almendra sin piel.

Ya casi me encontraba borracho, y él, ahora me arrullaba con con descripciones de usted, <Reina de las Delicias>, me decía que frente a usted se sentía quieto, como la hoja nueva en tarde veraniega, como sordo, como pintura en el lienzo, inamovible, se sentía de usted.

Increíble, aquel fino escritor, dotado de una rara sensibilidad para transformar los sentimientos y las ideas en palabras, yacía hecho migajas, frente a mis pupilas repletas de lúpulo y cebada fermentada.

No pude jamas perder el asombro, aquel encantador de corazones, dotado de talento literario y goce expresivo, se desangraba en tinta negra por la punta de una pluma.

Él no bebía mas que sus propias lagrimas, sus ojos rojos cansados, clamaban a gritos poder verle, sentirle, tocarle, saborearla y unirse a usted por todos los contactos.

Yo nunca he sido bueno para cobijar temores, solo mi compañía podía brindarle, y mis oídos para oírle, ya mis ojos no podían ver sus ojos, no soportaba tanta tristeza junta en un solo hombre, quería salir de ese lugar y correr a buscarle, <Reina de las Delicias> o como él le llamaba, quería de algún modo traer consuelo a la amargura notable de aquel profesor de la escritura, que ahora mismo estaba hecho un pelagatos.

Yo no le conocía muy bien, ni a él ni a usted, pero por su amor moribundo, yo le imaginaba tan hermosa como un radiante ramillete de nardos o tulipanes, la imaginé como una estrella brillante y luminosa.

Enfermo de frustración, hizo una pausa y luego pronunció, ..."Siempre creí tenerla segura", hizo una pausa y repitió, ¡siempre creí tenerla carajo!, ésta vez me miró penetrante, suplicante, y se dijo para sí, <no hay mejor mujer, es Venezolana y me domó, ella si supo cómo, la amo, ella es mi amable loca>, luego dejó caer una sonrisa de resignación y culminó -<ni las de piel tostada que tienen fama de jodidas pues>.

De a ratos creía que su dolor se convertía en ira, pero la verdad, ese hombre, tenía dentro de sí, un huracán de sentimientos, era grande de hombros pero ya notaba que era flaco en su corazón.

Sucre lo dijo, el gran poder está en la fuerza del amor, y ese poeta sudaba amor, lloraba sangre y escribía con sus entrañas.

Pasada la medianoche, creí que en cualquier momento alguno de los dos caería al suelo, yo por el alcohol o él por la deshidratación de tanto llorar, ese llanto ya no podía oírlo, se convirtió en un sollozo tenebroso.

No sé cuantos términos usó para referirse a usted, habló de la luna y de unas estrellas en su espalda, habló de sus besos y de sus voz, enumeró las ricas cartas que le escribió y cantó entre suspiros las canciones que hizo para usted.

A esa hora no existen pudores, no existen prejuicios, a esa hora el quería liberarse del dolor, disimuladamente guardé mi arma y mi navaja, el cenicero desbordaba y mi garganta también.

Casi dormido, el siguió alabándola, <mi reina es de armas tomar>, dijo, con la mirada clavada entre la húmeda madera de aquella mesa vieja, <candorosa, febril, amante apasionada y suave>, nunca jamas oí una voz tan maltratada pronunciando bellezas tan descarnadamente, hablando de los sentimientos de él hacia usted.

Hubo un largo silencio, la madrugada se detuvo, mas acongojado y triste, balbuceaba repetidamente <mi reina, mi amable loca>.

Entonces me dormí sobre la mesa, algunas horas mas tarde, aun sin aclarar el día, desperté, fuera de aquella cantina, tirado en la calle, borracho, manchado de tinta, sin mi revolver, sin mi navaja, sin cigarrillos y sin el poeta.

!ay de mi¡
!ay de él¡

Al llegar a mi casa, no podía dejar de sentir preocupación y temor por la vida de mi amigo, pero al tratar de desvestirme antes debía vaciar mis bolsillos, fue entonces cuando encontré en mi saco la carta que ahora procedo a leerle:

"...Para la Reina de las Delicias, mi amable loca.

Quiero contestar a tu despedida, bellisima reina,a tus demandas, que son muy
injustas, pero he de ser muy sincero para quien, como tu, todo me lo ha dado,
antes no hubo en mi vida ilusión, no porque no amara, amé, pero jamas con tanto
ardor. No acepto tu adiós, porque es mas caro que vivir de rodillas,
ahora reflexiono y comprendo que ya murió mi época de amarte y la
época de amarnos mutuamente. Quería tiempo para acostumbrarme
a la vida sin ti,pero simplemente no quiero vivir sin ti, antes me he
 burlado de la muerte muchas veces, y ésta, me asecha diariamente
 a cada paso,  pero ahora le tomaré de la mano y me iré con ella.
¿qué debo desearte?, un encuentro  vivo con el amor verdadero, gracias por
 estar segura de mi, yo estuve seguro de ti, ahora verás querida, que
el poeta que admiras, no miente, nunca miento, es loca mi pasión por ti,
ahora lo sabes, que te vaya bien a donde quiera que estés, ahora te llevaré
siempre en mi corazón.

Un Poeta Abandonado..."


Ahora que le he conseguido, debo entregarle esto, y habiendo contado aquello que aún me pesa en el alma, me iré un poco mas tranquilo, pero no sin antes mencionarle que nadie mas ha sabido darme noticias de nuestro amigo en común, nadie mas le ha vuelto a ver.


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