en la penumbra hay cuatro manos que se acarician,
en las tinieblas hay dos lenguas que se frotan con humedad.
En medio de aquella lobreguez, esos cuerpos se apretujaron,
en medio de las sombras y el silencio, la lujuria se regó por las escaleras,
en medio de esos crepúsculos que se escurrieron por los pasillos,
sus respiraciones aceleraron sin respeto y sin obediencia.
Una experiencia sobrenatural, extraterrestre, solar, lunar y así.
El silencio siempre ha sido el ayudante del pecador,
el silencio siempre ha sido el compañero confiable de quienes no quieren ser descubiertos,
y así, cada vez que sus huellas tropiezan en el escalón donde el bombillo no alumbra,
sus cuerpos se acercan temblando para compartir el aliento de vida,
ese sentimiento lleno de adrenalina que los mantiene vivos.
Si de verdad existe un dios omnipresente, solo el sabe que sucedió ahí.
Si de verdad existe un dios omnipresente, solo el sabe que sucedió ahí.
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