28/11/16

Queremos

Sobre las aceras, la jornada semanal terminaba para el obrero,
y dentro de aquel lugar, tu y yo hablando de sexo,
explicito y erógeno, silencioso y oculto,
reímos por imaginar las palabras que sobre aquella mesa caían,
reímos por poder mirarnos a los ojos,
mientras temas personales eran discutidos sin vergüenza.

Una luz tenue se reflejaba sobre la mesa,
el sol se despedía con suavidad de sus adoradores, 
y la luna entraba engalanada por la ancha puerta del Ávila cuidadora.

El perfume de la pasión se evaporaba visiblemente sobre nuestros  cuerpos,
como gas, comprimido y volátil, 
nuestras lenguas se miraban a través de la ventana labiodental, 
nuestras manos gritaron un clamor de cercanía, 
tu piel quería mi piel y mi piel quería tu sudor.

Dos pájaros enjaulados, tratando de entender como pueden sentir atracción carnal si solo vieron sus ojos una vez en pleno vuelo.


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